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OFF THE RECORD 28-11-2023

Toluca, Edomex, 28 de noviembre de 2023.- Es una desgracia lo que le sucede a Toluca con su clase gobernante. En un lapso de 23 años ha experimentado con todas las posibilidades electorales, y sólo se ha topado con gobiernos inoperantes, políticos entrampados en el escándalo, intereses de grupo que solamente piensan en la siguiente elección, y muy poco que presumir en una ciudad que resiente los rezagos en comparación con otras ciudades capitales del país. Para su desgracia, el próximo año 2024, y lo único que habrá por delante serán nuevas promesas de nuevos actores.


Desde el año 2000, con el efecto Fox, los toluqueños apostaron por su primera alternancia electoral. El panismo gobernó la capital mexiquense entre el año 2000 y 2009, de la mano de Juan Carlos Nuñez, Armando Enríquez y Juan Rodolfo Sánchez. El desgaste en el ejercicio del poder fue inevitable. Salvo el caso de Núñez Armas, que tuvo buenas intenciones por mejorar los servicios públicos; Enríquez y Juan Rodolfo se caracterizaron por el escándalo mediático. El panismo pagó la factura en las elecciones de 2009.


El electorado toluqueño -con el espejismo del peñismo en ciernes-, le dio una nueva oportunidad al priísmo. El experimento no fue nada alentador. Las alcaldesas María Elena Barrera y Martha Hilda González fueron electas por tres años -en el 2009 y 2012-, pero ninguna terminó su encargo. Ocuparon la alcaldía dos años para sus pretensiones electorales; y decidieron ir a nuevas elecciones. Los últimos años de cada una de sus gestiones terminaron en manos de interinatos que sólo administraron la inercia.


Los casos más recordados -pero por sus malos resultados- vinieron en los últimos diez años. El último trienio priísta recayó en Fernando Zamora. Un exlíder del magisterio estatal que tenía poca idea de la administración pública y quien acusaba a sus opositores de hacerle baches premeditadamente en las calles de la capital. Hoy Zamora ya está en Morena, como advertencia de que la cuarta transformación no es tan impoluta como presume.


Luego vino Juan Rodolfo Sánchez -el expanista convertido en morenista- quien acusó una enorme deuda pública heredada, se victimizó y se inventó un plantón en la Plaza de los Mártires. Los toluqueños, cansados de tanta farsa, dieron una nueva oportunidad, ahora al PRIAN.


El caso de Raymundo Martínez fue para el olvido. Más allá de sus asuntos personales que hoy lo tienen entrampado judicialmente, no hay una sola acción que pueda ser recordada como relevante para su mandato. Es falso que la defenestración de Martínez Carbajal sea un asunto político. Hasta ahora no es acusado por asuntos vinculados a la administración pública. Su gobierno únicamente fue de dos años, pero no porque vaya a buscar un nuevo encargo, sino porque simplemente le será imposible cumplir con el trienio para el que fue electo.


Ya viene la elección de 2024. Hay varios tiradores que han puesto la mirada en los comicios locales. El morenismo ve en la defenestración de Raymundo una condición inequívoca de regresar al poder. El priísmo toluqueño ve una oportunidad para sacudirse al eruvielismo. Y el PAN buscará postular al candidato a alcalde bajo pretexto del escándalo en curso. En conclusión, otra vez se privilegiarán los intereses electorales sobre las necesidades sociales.


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