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OFF THE RECORD 24-05-2024

Toluca, Edomex; 24 de mayo de 2024.- Morena es el partido obligado a ganar abrumadoramente en las elecciones del 2 de junio. Las razones son varias, pero entre las principales condiciones que le son favorables se encuentran, que se trata de los primeros comicios locales que experimentará desde que asumió la gubernatura estatal en septiembre pasado. Además, desde esa posición busca reivindicarse por quinta elección consecutiva como la primera fuerza electoral del Estado de México. En contraparte, el otrora hegemónico priísmo, enfrenta una elección sin el poder público a su favor, y una defenestración agudizada.

 

Al PRI le ha costado trabajo entender cómo enfrentar estas elecciones desde la oposición. El proceso interno de designación de candidaturas ha dejado mayores rupturas que en el pasado reciente. Decenas de priístas han decidido abandonar el barco, bajo la falsa promesa de que desde otras alternativas políticas tendrán mejores oportunidades políticas. Para tratar de justificar cualquier condición adversa, desde ya, el PRI mexiquense insiste en que enfrenta una elección de Estado -como las que ellos practicaban-, ya sea por el uso clientelar de los programas sociales; o por un clima de violencia que, a su decir, desincentiva la participación de los votantes. El abstencionismo juega en su contra.

 

En el panismo las expectativas son absolutamente mesuradas. Su presencia territorial se reduce al otrora corredor azul. Conservar esas parcelas de poder político le son suficientes para declararse ganadores. No aspiran al crecimiento electoral en otras regiones: sólo ganar un puñado de regidores. El panismo no está hecho para la construcción de estructuras electorales. Su fortaleza, desde su origen, era la apuesta ideológica de sus militantes y simpatizantes. No obstante, hoy el panismo se ha desdibujado cuando trae como sus candidatos a priístas que antes fueron sus más acérrimos adversarios.

 

No todo es favorable para Morena. Es indiscutible que a lo largo de seis años, ha tenido un desgaste en el poder público. Por encima de los buenos niveles de aprobación del presidente López Obrador, ha tenido alcaldes mexiquenses que han dejado una muy mala imagen para su partido. A eso se suma el pragmatismo de aliarse con el PVEM y el PT, que funcionan como partidos satélite y no son el mejor ejemplo de transformación. Sus aliados electorales, en muchas regiones del estado, le restan más que sumarle.

 

El PRD está al borde de su desaparición. Su estrategia está concentrada en conservar su registro como partido político. A partir de ahí, redefinir su futuro electoral, porque sus aliados cada vez le exigen más y le otorgan menos beneficios. Su postura de izquierda no encuentra acomodo entre la mayoría de los candidatos que respalda como parte de su alianza. El perredismo sólo vive de glorias pasadas, y una presencia marginal en todos los espacios de poder.

 

Movimiento Ciudadano podría dar algunas sorpresas a nivel municipal, derivado del efecto Máynez. No se han preocupado por una estrategia electoral propia, o una definición de candidaturas de grandes liderazgos. Todo apunta a que, el avance electoral que pueda experimentar, es porque el efecto nacional les permitirá ganar lo impensable. Mientras la dirigencia estatal sólo conservar los beneficios para su burocracia partidista. Nada nuevo para su escasa militancia.

 

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