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OFF THE RECORD 21-02-2024

Toluca, Edomex, 21 de febrero de 2024.- La dimisión de Alejandra del Moral para ser excluida de los listados de candidatos a diputados federales plurinominales deja de manifiesto la escisión que prevalece en el PRI Estado de México. La carta dirigida a Alejandro Moreno muestra su descontento hacia la toma de decisiones emprendida por la dirigencia nacional priísta para imponer a Ana Lilia Herrera como presidenta estatal; y haber premiado sus afectos personales a favor de la ecatepense y de Cristina Ruiz. Lo que en resumen, implicó desplazar a Del Moral a una posición en San Lázaro. La izcallense expresa su molestia frente a un dirigente vengativo, que ve en Alejandra, una forma de revancha hacia el exgobernador, Alfredo Del Mazo.


Alejandra del Moral manda mensajes a quienes realmente la abandonaron en la campaña electoral. Los que desaparecieron de su militancia priísta como Arturo Osornio, Cristina Ruiz, Gustavo Cárdenas; o aquellos que fueron sugeridos por Ana Lilia Herrera como sus operadores, entre quienes emergía Cruz Roa, Alfredo Torres y Tanya Rellstab, hoy en las filas del Verde. Pero sobre todo fustiga a quienes se han ido del PRI, porque no asumen que hay tiempos de triunfo y de derrota, en donde se identifica a Eruviel Ávila, artífice de la fractura que hoy padece el priísmo, desde sus chantajes en el 2011. La izcallense ve resquicios de esa deslealtad entre quienes serán responsables electorales de los comicios del 2 de junio. Evita ser cómplice o comparsa.


El ascenso político de Ana Lilia Herrera a la presidencia estatal priísta también suponía que Alejandra del Moral sería desplazada -junto a su grupo político- de cualquier espacio de poder político o electoral. Por lo tanto, la definición de la exdirigente priísta también implica solidarizarse con quienes se jugaron su capital político en la candidatura fallida. Si quienes se identifican con Alejandra no tendrán posibilidad de reelegirse, o bien, no serán considerados para las elecciones venideras, Del Moral prefiere tampoco aceptar un cargo que serviría de premio de consolación, pero la colocaría en una postura convenenciera, como quienes hoy la han desplazado desde la dirigencia nacional y estatal. A ellos, les ha pretendido dar una lección.


Lo cierto es que, Alejandra del Moral es víctima de sus propias decisiones. Cuando fue dirigente estatal priísta impuso sus condiciones. Asumió que su poder absoluto sería eterno. Pero tras la derrota electoral por la gubernatura y al finalizar el sexenio delmacista, sus adversarios han determinado cobrar las facturas pendientes. La misma arrogancia con que condujo el priísmo durante el sexenio pasado; ahora juega en su contra, bajo el arropo de Alejandro Moreno. Los errores que llevaron al priísmo a sus máximas derrotas en el 2018 y en el 2023, amenazan con repetirse. Han cambiado las personas, pero han prevalecido las formas y las revanchas.


Ana Lilia Herrera respondió horas más tarde. Lanzó una indirecta a Del Moral, bajo el supuesto que estar del lado correcto de la historia es asumir un papel protagónico desde el Congreso de la Unión porque ahí se construye la oposición que protege y protegerá la democracia y las libertades. Pero entonces, todo apunta a que la priísta asume la derrota presidencial como una condición irreversible. Y por tanto, ella ha tomado la definición de asegurar su espacio como opositora durante los próximos seis años, pase lo que pase; y como dijo el clásico de Michoacán: «haiga sido como haiga sido». Tal parece que al final del camino, le da la razón a su rival interna.


Si alguien creía que el PRI había tocado fondo se equivoca. A la derrota de la gubernatura mexiquense, y con las fracturas evidentes entre los cacicazgos municipales, se puede profundizar el fracaso electoral en la renovación de alcaldías y diputaciones locales. En agosto, cuando se vaya Alito de la dirigencia nacional priísta -si el partido todavía existe-, junto con él deberá irse Ana Lilia Herrera, que sólo fue nombrada como dirigente temporal por la elección del 2 de junio. Ahí vendrá de nuevo la disputa entre los grupos de poder. Hay quien piensa que sería una buena idea que el PRI sea conducido por el modelo de Acambay, algo que impulsará la dirigente en funciones.


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