En el PRI ha comenzado a pulular la teoría del «complot». Si las encuestas dan una contienda cerrada, es porque alguien le pagó a la encuestadora, y se ha confabulado con sus adversarios políticos. En su escenario aún es inaceptable que Peña Nieto esté a escasos puntos de la preferencia electoral de sus opositores.
Si algún periódico capitalino osa hablar en agravio del puntero en las encuestas, es porque existe una campaña sistemática en su contra; y no responsabilidad de los yerros y filtraciones que se dan entre su círculo cercano. Para el PRI y Enrique Peña, sus adversarios han diseñado un «complot» en su contra, y se victimizan frente a la adversidad. Esa es la lógica de sus respuestas.
La respuesta del PRI al periódico Reforma sobre la falsedad de una nota donde se aludía que Peña Nieto prometería «mejores telenovelas», fue un acto de confrontación y no el intento por aclarar las supuestas falsedades. Fue un comunicado de combate que profundiza las diferencias entre el candidato y el medio de comunicación.
Otra conclusión adicional, es que permanece la ruptura entre los delmacistas y los peñistas. No hay semana sin que Luis Videgaray o David López salgan raspados de esa disputa que se ha hecho pública y dirimido en medios. En esta ocasión le tocó a Gerardo Ruiz Esparza, y en esa realidad parece que nadie trabaja para atemperar los ánimos de los involucrados.
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La recaptura de César Librado Legorreta «El Coqueto» por parte de la Procuraduría de Justicia del Estado de México no resuelve su problema institucional. Nadie cree en las explicaciones de Alfredo Castillo, y su salida se ve como algo natural, y como el pretexto perfecto para que Eruviel Ávila haga ajustes en su círculo cercano.
Al interior de Ministerios Públicos y de la Policía Ministerial ven como parte de la solución la renuncia de Castillo Cervantes. Nadie olvida que su ascenso al poder fue resultado de un error mayor también atribuible a su persona, cuando el caso Paulette marcó hasta el cansancio a la dependencia que hoy encabeza. Un clavo saca otro clavo, y hoy parece inaplazable un nuevo procurador.