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El Manual de Maquiavelo 29-08-2025

Francisco Ledesma / El despeñadero de Alito

El espectáculo protagonizado por Alejandro Moreno en el Senado de la República dibuja de cuerpo entero la dirigencia nacional del otrora partido hegemónico que hoy padece de la mayor defenestración electoral de su historia. No resulta casualidad que ha perdido sistemáticamente comicios estatales, como nunca antes, en los últimos siete años y su única justificante es culpar a los gobernadores priístas de traidores y haber entregado la plaza electoral.

 

Alejandro Moreno se queja de que Gerardo Fernández Noroña silencia las voces opositoras al régimen morenista, cuando el dirigente nacional priísta ha sido especialista en acallar las voces de su partido que no le son afines.

 

La pérdida de control no sólo ha sido en la tribuna senatorial, Alito ha perdido el poder de un partido que está reducido, agazapado y sin capacidad de reacción hacia el futuro inmediato. Desde su liderazgo, los priístas no tienen las mejores expectativas, y la desbandada podría multiplicarse hacia otras opciones electorales como el PVEM, MC, PAN, y por supuesto, en Morena.

 

La respuesta de Alejandro Moreno ha sido refugiarse en quienes aplauden sus decisiones y le deben lealtad absoluta. Ahí junto a Carolina Viggiano, Rubén Moreira, Manuel Añorve y Cristina Ruiz, donde se siente cómodo y complacido.

 

A pesar de la debacle sin fondo, los liderazgos priístas -incluidos esos de siempre- han abandonado a su partido. Les resulta más sencillo cambiarse de partido, antes que confrontar una dirigencia que se dirige a un des-peña-dero sin salida. Prefieren claudicar por encima de reorganizarse y reconstruirse.

 

El PRI camina sin estrategia clara. Para el caso del Estado de México, habrá que ser valiente para asumir el riesgo de convertirse en dirigente de los comités municipales que deberán renovarse antes de que concluya el 2025. Un partido acostumbrado a administrar posiciones electorales, pero desde el ejercicio del poder e incapaz de asumir su condición opositora de los últimos años.

 

Para el 2027, ya no será atractivo ser candidato por el priísmo, porque será un cheque en blanco hacia la derrota. Quienes dirigen hoy el PRI mexiquense ya se han repartido anticipadamente las candidaturas plurinominales, para no perder en las urnas de forma estrepitosa como le pasó a la mayoría en 2024, y que el partido funcione lo necesario para beneficiar a las cúpulas de un partido em-peña-do en defender las bravuconadas de su presidente nacional.

 

El PRI asume que ser oposición es pelearse en tribuna, autoflagelarse pese al desprestigio personal de su presidente nacional y cegarse de la ausencia de ascendencia política de sus liderazgos estatales -en el que se incluye su dirigente mexiquense y su coordinador en la legislatura local-. La falta de autocrítica que tanto acusan por parte del gobierno federal morenista, les espejea en el Salón Presidentes de la sede nacional de su partido, en el edificio de Insurgentes Norte.

 

Alejandro Moreno se sueña en la boleta electoral de 2030. Mientras que Cristina Ruiz anhela verse en la boleta de 2029. Al paso que van, y con el ejercicio de poder que han demostrado, es muy probable que lo consigan. Sin embargo, serían ambas, una mera candidatura testimonial como la de los partidos satélite que el priísmo alimentaba en las décadas de los ochenta y noventa.

 

Lo demostrado en los últimos siete años del priísmo nacional, dista mucho de ser la oposición que sus electores esperan de un partido que construya un contrapeso ideológico, político e institucional, y no uno convertido en pugilista que combata a empujones al partido y a la clase gobernante en el poder. Porque como boxeador, Alito salió tan malo, como dirigente de partido.

 

La tenebra

¿Cuál de los diputados federales o locales o de los integrantes del gabinete priísta mexiquense serían capaces de ganar una elección en sus municipios? Ese es el tamaño de su ascendencia política.